Glaxo es una gran novela

07/09/2009

Todavía no leí la novela de Ronsino Hernán anterior a esta, como tampoco los libros previos. No me hace falta para considerarlo un gran escritor. La historia que cuenta Glaxo abarca muchos años pero transcurre en breves momentos, porque se condensa en muy pocas escenas que van dando las claves y los detalles de lo que ha ocurrido.La tragedia no precisa grandes complicaciones ni cosas demasiado tortuosas. Es suficiente con que alguien cambie de lugar, por ejemplo un policía trasladado a ese pueblo perdido porque hizo mal algo que debía hacer bien.

La mudanza del policía es secuela de un momento de Operación Masacre, de Walsh Rodolfo. El momento en que la partida deja los cuerpos de los secuestrados pensando que nadie queda con vida. Una de las cosas meritorias de esta novela es que el autor decide no subrayar aquello que resulta claro: la irradiación del mal, su capacidad proliferante y su amargo acoplamiento con el destino. Murmurante no tiene dudas de que otros autores habrían abusado de este hecho hasta extremos de caricatura.

Los años que abarca Glaxo son los de la decadencia argentina. No podría ser de otra manera tratándose de un país en picada secular. Por lo tanto hay que aclarar: no se trata de los años, la historia, sino de las cosas que Ronsino elige describir. Es la decadencia de los pueblos del interior y sus gentes, la trama de costumbres erigidas como instituciones, y los referentes culturales. Nada busca ser como podría serlo en la realidad, y por eso mismo logra imitarla con creces. El ejemplo más claro de esto quizás sea la lengua hablada. En la medida en que Glaxo es una trama de monólogos, el autor practica un equilibrio constante entre testimonio lingüístico y coloración semántica, y no le preocupa, al contrario, romper con las previsiones del habla naturalista. Y a la vez, el drama de significados encuentra en las incrustaciones del habla coloquial un efecto dramatizador más logrado.

Me gustaría seguir opinando sobre este pequeño y condensado libro. A lo mejor lo haga en el futuro. Por ejemplo querría hablar sobre algunos motivos descriptivos o verbales recurrentes que pertenecen a la caprichosa sensibilidad de los personajes. Gestos, manías, creencias, leitmotivs cuya recurrencia por un lado le confiere al relato mayor articulación y por otro, en mi opinión, teje una trama de drama sin solución y lastimosamente previo a la aparición, en el pueblo, de la historia –y la literatura.

Hernán Ronsino: Glaxo, Eterna Cadencia, Buenos Aires, 2009, 94 páginas.

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