Variedad de malestares, Lydia Davis

09/09/2009

He estado escuchando lo que dice mi madre por más de 40 años y he estado escuchando lo que dice mi esposo durante tan solo 5 años, y habitualmente he pensado que ella estaba en lo cierto y que él no, pero ahora con frecuencia creo que él tiene razón, especialmente en un día como hoy,cuando acabo de tener una larga conversación por teléfono con mi madre sobre mi hermano y mi padre, y después una más breve conversación por teléfono con mi esposo acerca de la conversación que tuve con mi madre.

Mi madre estaba preocupada después de haber herido los sentimientos de mi hermano cuando él le dijo por teléfono que quería usar parte de sus vacaciones para ir a ayudarlos, dado que mi madre acaba de salir del hospital. Ella le contestó, aunque no estuviera diciendo la verdad, que él no podía ir porque no se sentía capaz de recibir a nadie en la casa sin ponerse en la obligación de preparar comidas, por ejemplo, y que ya tenía bastantes dificultades con sus muletas. Él replicó muy airado diciendo que ese no era el punto, que estaba fuera de toda lógica, y ahora su teléfono no responde. Ella tiene miedo de que le haya pasado algo, pero yo le digo que no creo que la haya pasado nada. Probablemente se ha tomado el tiempo de vacaciones que había apartado para estar con ellos y viajó a algún lado por su cuenta. Ella olvida que es un hombre cercano a los cincuenta años, pero me duele que hayan lastimado sus sentimientos de ese modo. Al rato que ella cuelga llamo a mi marido y le repito todo esto.

Alegando sentimientos propios para proteger sentimientos particulares de mi padre, mi madre hirió los de mi hermano, y dado que para mí era difícil rechazar los sentimientos particulares de mi padre, que me resultan bien conocidos, también me fue difícil dejar de pensar que no había habido otra forma de hacer las cosas de modo que la oferta de ayuda de mi hermano no fuera rechazada y él no resultara lastimado.

Ella lastimó los sentimientos de mi hermano mientras protegía a mi padre de ciertos sentimientos de malestar, anticipados por él si mi hermano llegaba a ir a su casa, mostrando, mi madre, ante mi hermano ciertos sentimientos de molestia propios, ligeramente diferentes. Ahora, mi hermano, al no contestar el teléfono ha causado nuevos sentimientos de malestar en mi madre y también en mi padre, sentimientos que son iguales o casi iguales en ambos, pero diferentes tanto a los sentimientos de malestar anunciados por mi padre como a aquellos aducidos por mi madre ante mi hermano. Y ahora, en su malestar me ha llamado mi madre para contarme sobre los sentimientos de mi padre, y los suyos, de malestar respecto de mi hermano, y haciendo esto ella ha provocado sentimientos de malestar en mí también, si bien un tanto más débiles y diferentes de los sentimientos ahora experimentados por mi padre y mi madre y de aquellos anticipados por mi padre y falsamente esgrimidos por mi madre.

Cuando le describo esta conversación a mi esposo, provoco sentimientos de malestar también en él, más fuertes que los míos y de diferente tipo que los de mi madre y mi padre, esgrimidos y anunciados por ellos oportuna y respectivamente. Mi esposo está molesto por el rechazo de mi madre a la ayuda de mi hermano, a quien le produjo así un obvio malestar, y por el relato que ella me hizo de su propio malestar, causando en mí un malestar más grande, según él me dice, de lo que alcanzo a darme cuenta, pero también en general está molesto por el malestar en general causado por ella, no solo en mi hermano sino también en mí, más denso de lo que imagino y más frecuente de lo que advierto, y cuando él dice todo esto causa en mí otro malestar, distinto en grado e intensidad de aquel causado en mí por lo que mi madre me contó, por ello el malestar es no sólo por mí y por mi hermano, y no sólo por mi padre y su anticipado y su actual malestar, sino también y sobre todo por mi madre misma, que ahora ha causado, como lo hace generalmente, demasiado malestar como mi esposo tiene razón en decir, aunque ella misma esté afectada por una pequeña parte de esto.

Lydia Davis: “Varieties of Disturbance” en Varieties of Disturbance, Farrar, Straus and Giroux, Nueva York, 2007, p. 83.

Traducido por Murmurante.

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