Yo, autor

12/09/2009

Una especie de casualidad de almanaque me llevó a un legendario artículo de Barthes Roland, que en el momento cuando fue escrito habrá sonado como diana de combate y ahora parece una biblia básica con deber de memorizar. El título es “La muerte del autor” y está fechado en 1968, por lo tanto se percibe el ambiente de barricada urbana. Digo por lo tanto obedeciendo una de las tesis presentes en el escrito: cuando dice que la realidad imita la letra, el libro. Hoy resulta claro que así fue, o por lo menos así se representan esos años. Los cambios en la cultura y en el pensamiento, etc.

Hay frases de Barthes en este artículo que suenan de una vigencia extraordinaria, cosa lógica dada la densidad conceptual que siempre lo animó. “La escritura es la destrucción de toda voz, de todo origen.” “El escritor moderno nace a la vez que su texto.” No hay contradicción aparente ni oculta entre ambas frases, porque Barthes se refiere al agotamiento de la mirada crítica explicativa tradicional, y a la literatura adocenada en general, que históricamente depositaron las reservas de verdad en la figura del autor.

Pero todo esto es más o menos sabido o imaginado. El artículo sobre todo me llevó a pensar en cómo ahora la subjetividad de los narradores se desparrama por las novelas como si siguieran los mandatos que Barthes diagnosticó con certeza pero se cuidó de lanzar. En este sentido, Murmurante opina que está fuertemente instalada y extendida una forma de representar la subjetividad autoral, y que a menos que algo pase esa forma en breve se va a agotar.

Por la misma época Foucault Michel daba cuenta de algo aproximado a Barthes con “Qué es un autor”. Ambos plantean un movimiento de disolución de certezas y de categorías, y la apertura de la literatura en general a novedosas formas de circulación e interpretación. En ambos casos la idea de Autor es acotada y desestimada como categoría relevante de la reproducción literaria y de la circulación social de los discursos. Más tarde tuvieron tiempo de revisar su asertividad y de hecho lo hicieron. Pero lo que no deja de impresionarme es la clamorosa desmentida que la literatura de ficción en estos años le propina a esos argumentos, porque básicamente se trata de una apropiación con resultados inversos.

La misma disolución del autor se ha convertido en un centro alrededor del cual las narraciones ponen a orbitar el resto de sus elementos. Y el resultado en general es una subjetividad fragmentada, desvanecida en pedazos pero por eso mismo entera, uno podría decir pulverizada y a la vez victoriosa, en general en casi todas sus facetas y de la mano de casi todo escritor, porque se trata del predominio de una sensibilidad. En algún lado se debe estar preparando la crítica política renovadora de esta subjetividad a punto de ser rancia.

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