Novela de la escasez

16/09/2009

Anoche con el libro de Meret Diego, En la pausa. Al terminar no lo podía creer: es la novela más peculiar que leo en los últimos tiempos. Sentía una mezcla de emoción y solidaridad frente a este relato, y también un poco de la fervorosa envidia que los lectores tiene ante ese componente entre real e irreal de los libros que admiran, y que no saben si asignarlo a la composición del texto o a la sensibilidad del autor.

Porque de eso se trata en la novela de Meret, una vida desparramada en los episodios de lo escrito que sin embargo no es una vida previa a la escritura. Es como si el autor creara su historia escribiendo, la corrigiera a medida que avanza y le agregara elementos y aspectos como quien suma escenas y digresiones. Pero el punto se mantiene, porque en realidad es la narración de un solo momento. ¿Qué momento? Murmurante opina que es el momento de la decisión de convertir la propia vida en escritura. No para representarla, sino para construirla, para darle vida.

Ese momento es un punto del tiempo fuera de la escala cronológica representada, porque es previo y vigilante. Es un ángulo de composición. De ahí el sincero homenaje a Felisberto Hernández, otro maestro autobiógrafo que supo diluir su condición entre lo escrito.

El relato de Meret cuenta la vida a partir de lo que se tiene. Como se tiene poco, es un relato construido desde la escasez. El autor no elige contar desde lo que no tiene, sino desde lo que tuvo. Siguiendo esa lógica, esta autobiografía se escalona en una sucesión de pérdidas. Hay un régimen restrictivo que constriñe la vida del narrador, con la escritura como única posibilidad de salida. La formación es escasa, los libros son pocos y no se entienden, el trabajo es casi bestial y se abandona, no hay espacio ni condiciones para escribir, y lo poco que hay también se pierde, como se pierde el padre y no existen los recuerdos, hay suspensiones de la vigilia (las pausas del título), y demás. Sería muy largo enumerar todo lo que el narrador pierde o deja de lado. La experiencia sí existe, aunque también está orientada por las peripecias de restricción porque casi no deja rastros en la memoria.

Al comienzo del relato hay una suerte de reflexiones sobre la naturaleza de la experiencia. En realidad hay reflexiones sobre muchas cosas. Al modo de Felisberto, de nuevo, estas consideraciones no buscan persuadir o ampliar el conocimiento del lector, sino erigirse como metáforas o resonancias especulativas de los trances de la realidad, como un modo de reintegrar la conciencia en el curso del relato desde el otro ángulo, el punto quieto de la escritura.

Según Murmurante, y cambiando apenas de tema, lo curioso es la asociación que se establece entre este libro y Las teorías salvajes, de Oloixarac Pola. Como si fueran dos novelas provenientes de caras distintas de un mismo planeta (el planeta lit. arg.). Si En la pausa es una novela de la restricción y de la escasez, Las teorías salvajes es de la adición y la abundancia; si una relata un proceso de formación negativa, tendiente a la simplificación o en todo caso a la síntesis, otra es un compendio de acumulación agregada; si una esgrime la limitación de su saber, otra se asienta en la vanidad de su sofisticación.

(Hay otra frontera que separa el libro de Meret y el de Oloixarac, a la que quizás me refiera en el futuro porque es un tema groso que va más allá de estos dos libros: es la estela de Bolaño Roberto. Meret es ajeno a ese universo mientras que Oloixarac, probablemente a pesar suyo, pertenece a él.)

Cuando terminé de leer fui a la contratapa, donde se reproduce completo o parcialmente el dictamen del Jurado que otorgó a Meret el Premio Indio Rico de Autobiografía 2008. Vi la contratapa y se me ocurrió pensar que acababa de leer otra cosa. Es un dictamen hecho para rellenar, para engordar una novela que no precisa ser alimentada. No digo que sea erróneo, digo que propone una aventura de lectura que la novela desmiente, aunque despliegue los hechos e incurra en los elementos que el dictamen describe. Siendo así, es una suerte que la hayan premiado.

En todo caso es lógico que a este libro ya desde su primera edición se le adose una explicación (y nada menos que de escritores como Cozarinsky Edgardo, Moreno María y Piglia Ricardo, o sea, el Jurado). Es una obra excéntrica en varios sentidos; pero eso no sería lo raro, al contrario, sino fuera también que es algo así como impávida, o inocente si se quiere. Y sin embargo como carece de la impavidez à la Aira César, tan proliferante, presumo que ello ha permitido que se destacara a los ojos de los jurados miembros.

En fin, Murmurante no podría haber quedado más contento con esta maravillosa aventura proletaria de Meret. Lo digo sin ironía; no busca ser obrerista ni marginal.

Diego Meret: En la pausa, Mansalva, Buenos Aires, 2009, 76 páginas.

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