Lírica decidida

20/09/2009

El amigo Murmurante estaba caminando por Villa Fiorito (¿o por Parque Patricios?, ¿por Mataderos?) cuando sobre el umbral de una casa común se encontró un libro abierto de par en par, como un mensajero que lo estaba esperando.

Allí el poema que corresponde a la página impar 307 de Hablar mestizo en lírica imprecisa decía:

Te ves tranquilo, tu quehacer posible
y amarrado el sigilo van tus ojos,
te ves polentoso de pies de manos,
metidos tus potriyos en la vida
con galopar airoso y sin alardes,
como si alguna plenitú, algún
jirón de fantasía con tus reservas
diese lustre a lo tuyo tan cuitado.
No te achiques, la brevedá reclama
risa ternura vino pastelitos,
el asomo gentil del agostado,
pide levar tu carne pasajera
antes que en vos el viejo desengaño
tire de atrás, te brume la pitada.

Cualquiera lo hubiera sentido como un mensaje dirigido a él, a su misma persona. Una amarga advertencia, el doloroso hecho de la vida breve. ¿Qué si no un mecanismo especial dejaría un poema en la vereda para que alguien lo lea cuando pase de casualidad? Pero Murmurante, ser pensativo que nunca se siente más elegido que los demás, creyó encontrar que el destinatario de este poema, y quizá también de todo el libro, era la idea del pasado que cada uno tiene.

La idea del ayer, la tradición cultural como se dice. No la tradición cultural de la escuela, las academias y la cultura elevada. La tradición cultural de la calle, el barrio, la frontera de ilegalidad que rodea la vida y la encamina. Y, de nuevo, no la ilegalidad de la policía versus los ladrones, o del pobre visto por el rico, sino la ilegalidad del rebelde, del descreído, del perseguido y hasta del esquilmado por la vida; la ilegalidad ancestral de peronista, incluso dentro del peronismo.

Este libro frondoso de Tedesco Luis O. es un extraño canto a la idiosincracia, casi a la identidad; y es también una construcción y una reivindicación de ella. El poema que acabamos de copiar está en la página siguiente a uno dedicado a Borges, donde se le reclama haber inventado casi todo, como una deidad bautizadora. Sin embargo no es más que una forma de saludo, de respeto callejero, justamente, porque este libro de Tedesco no quiere reconocer deudas, y no está mal que así sea porque no las tiene.

Lógicamente hay numerosos libros que dialogan con este. Pero desde Lamborghini Leónidas hasta Gelman Juan, pasando por Fernádez Moreno César o hasta algún reciente título de Samoilovich Daniel, cada uno, junto con Tedesco, brinda su particular tramado de paisaje y artificiosidad lingüística y lírica.

Es un libro original, tiene la fuerza de una radiografía hablada, o hasta de una enciclopedia de casos y situaciones culturales. Es lo primero que se le ocurrió a Murmurante, cuando lo leyó tranquilo en un bar. Radiografía, como dije, del pasado y de la memoria urbana, de la política capilar y no dicha. Y un experimento (en este sentido sí otro más, de darle voz a esa masa de gente que, lustro tras lustro, por decir algo, desde siempre, no es representada por nadie).

Lengua y verso se combinan de un modo bastante especial. La lengua en este Hablar mestizo tiende a ser, a la vez, elevada, conversacional, callejera, literaria, nativa, con precisas representaciones de particularidades fonéticas. En este sentido, una lengua también diccional que tiende sincerar la relación entre pronunciación porteña y escritura: virtú, igualdá, cabayo, beyesa, l’alma, etc. Los versos son también copiosos. En general endecasílabos que abarcan una preposición. No es frecuente encontrar encabalgamientos.

Quizás la opción casi excluyente por el endecasílabo, en un libro de una buena cantidad de páginas, termine produciendo una sensación de automatismo. Pero en esta elección y confianza en las 11 sílabas puede verse también otro gesto de reivindicación mestiza (aunque no indecisa): la continuidad del trovar.

Porque quien escribe los poemas del libro de Tedesco es un trovador de ciertas castigadas gentes y ciudades del sur.

La ilustración de la tapa es un dibujo de Daniel Santoro, uno de cuyos retratos es muy parecido a Eduardo Stupía (detalle que a Murmurante intriga en extremo).

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Luis O. Tedesco: Hablar mestizo en lírica imprecisa, Activo Puente, Buenos Aires, 2009, 480 páginas.

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