Elefantes a la puerta

22/09/2009

Ayer terminé de leer la novela de Busqued Carlos en el subte. Fue un viaje más o menos largo que se me pasó rápido, leí desde el documental sobre la tumba perdida de Jesucristo (no la encuentran), en la casa de Certati, hasta el final, repito.

Un final en cierto modo abierto, como se decía antes: quién sabe con cuántos otros animales se encontrará el muchacho en el futuro, tanto realmente palpitantes como enlatados en documentales. Porque es seguro que Certati seguirá viendo televisión a la búsqueda de nuevas expediciones hacia el calamar gigante, y que los otros, los animales de verdad, seguirán apareciendo frente suyo para salvarlo o, por lo menos, marcar su camino.

Cuando subí a la calle tenía la sensación de haber leído un libro vívido e impactante, y me pareció estar saliendo de un cine. Apenas pude me comuniqué con Murmurante. Quería conocer su opinión.

Me dijo que le parecía una novela admirable, construida con muy pocos elementos, hasta diría con un muy delgado repertorio de palabras, y por lo tanto muy enfática en las cosas a las que se refería. Me dijo que le gustaba ese ambiente de navegación constante. Los personajes flotan, están y no están; sueñan o están fumados, viven absorbidos por los documentales que miran o en los que piensan y por la presencia muda pero ineludible del pasado. Carecen de sensibilidad, pueden llegar a ser crueles rematados. Como compensación, el mundo animal los humaniza porque inspira en ellos una gran curiosidad y a veces hasta compasión.

Probablemente allí encuentren argumentos fatalistas para la vida sangrienta o conformista que han asumido. También los documentales les proveen las coartadas principales para vincularse con la realidad verdadera, la realidad cierta, el mundo de las relaciones sociales y humanas.

La vida animal, real o televisada, es el principal tema de conversación. (¿Hay en serio elefantes capaces de tocar a la puerta de las casas?). Pero ello consiste una segunda línea, el plano irónico donde se recortan esos seres insensibles mientras son capaces de hacer cualquier cosa en el mundo de todos los días. Un poco a la manera de algunos mafiosos de películas, que encuentran en los documentales sobre vida salvaje pasatiempo, relajación y “cultura general” como hace decir Busqued a uno de sus personajes.

La diferencia es que en Bajo este sol tremendo, aquella mirada irónica construida sobre la incongruencia entre la máxima crueldad posible y la reacción sentimental y compasiva, por ejemplo, ante el parto de una cebra, se encuentra ausente, existe sólo en la medida en que el lector la recuerde como un motivo ya incorporado al género mafia.

Los seres de esta novela asumen la realidad, incluidos los animales con los que se encuentran o conviven y las personas que tienen cerca, como el desarrollo de algo parecido a un documental en vivo. Es así como los muestra el autor y es donde reside la ejemplaridad del punto de vista mantenido. Un relato proveniente de un guión de tipo documental que busca enseñar la vida azarosa y cruel de unas personas demasiado típicas en su individualidad. Tal como me dijo Murmurante.

Carlos Busqued: Bajo este sol tremendo, Anagrama, Barcelona, 2009, 182 páginas.

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