Confesión en la madrugada

29/09/2009

Noche de insomnio provocada seguramente por el resfrío inminente. Siento que ya casi estoy en sus manos. Fue lo que me despertó rato después de acostarme anoche. Sin poder respirar bien debido a la congestión, sabía que iba a terminar levantándome; pero daba vueltas en la cama con la esperanza de distraer mi malestar y volver al sueño. Sin éxito obviamente.

El reloj daba las dos menos diez. Me había ido a dormir a las doce y media. Debido a un acto reflejo que supongo le ocurrirá a muchos, al levantarme fui directamente a encender la computadora. Lo hice antes incluso de ir a buscar los pañuelos que había dejado en la pieza, porque la verdad es que me había levantado antes, a la una y media, con la esperanza de que una breve visita al baño y dos aspirinas me hicieran recuperar el sueño. Y me había llevado los pañuelos a la cama.

Cuando regresé con los pañuelos a la mesa de la computadora, había una cantidad inusual de mensajes para un lapso tan corto. Uno de ellos era de Murmurante. Me contaba que estaba listo para ir a dormir después de leer una novela de un autor peruano o colombiano, o a lo mejor ecuatoriano, ya no recordaba bien, así de rápido quería borrarla de su mente porque se sentía completamente aplastado por la falta de ambición de ese relato. Una novela escrita con una sola intención: conformar.

Esta lectura lo había puesto mal, y deseaba sumergirse en el sueño cuanto antes para olvidar el mal trago de esa novela conformista. En la última línea del mensaje me dijo que esperaba no soñar por temor a tener que recordar mañana (o sea hoy) algo asociado a ese libro. Simplemente prefería dormir.

Le mandé un mensaje de solidaridad y borré con afinado método el resto de los mensajes recibidos. Desde hace tiempo siento una debilidad especial por suprimir mensajes antes de leerlos, como si literalmente no quisiera saber de nada (un sentimiento que puede estar exacerbado por el mal trago de esta noche de vigilia obligada).

Después de suprimir varios mensajes me dije que en ocasiones como estas no hay como un té caliente. Fui como un ladrón hasta la cocina, torturado ante la mera posibilidad de despertar a los vecinos de abajo con mis pasos, y preparé una taza bien grande, con miel y limón.

Estuve tentado de hojear el libro que Murmurante acababa de denostar. Pero al ver que sin darme cuenta le había ido poniendo encima los pañuelos usados, y que aparte ya formaban una especie de montaña, desistí. Agarré entonces la novela de Aira César. Un título adecuado para una noche oscura y silenciosa, porque una confesión tiene siempre algo de amenaza; no sabemos qué problema vamos a comprar o qué culpa asumiremos o con qué tipo de realidad conviviremos cuando conozcamos esa confesión.

Pasaron desde entonces muy pocas horas y puedo decir que el resfrío parece haberse instalado. En poco menos de 40 minutos será una mañana gris. Puedo decir también que leí esta novela de Aira.

César Aira: La confesión, Beatriz Viterbo, Rosario, 117 páginas

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Una respuesta to “Confesión en la madrugada”

  1. Fernanda Says:

    Está lindo acá. Su tono me interesa. Salud.


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